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Dos años

Dos  años y todavía siento que fue ayer. O que simplemente no pasó nunca. Que no fue real.
Todavía siento que estás estacionando el auto enfrenté o en la esquina de casa, porque no encontraste lugar en la puerta, o que estás leyendo el diario en patas en el sillón. Todavía me cuesta acostumbrarme a los domingos  sin tus asados, pero  más me cuesta no tener tus consejos ni tus abrazos disponibles las 24 horas, con tu incondicionalidad infinita y tu amor gigante.

 Pero el tiempo me hizo entender que puedo hablarte igual porque vos me estás escuchando.
Que cuando te lloro y extraño desperadamente o necesito un abrazo vos me abrazas el alma, cuando no sé que hacer en vez de pedir un consejo pienso en que me dirías vos si me tuvieras enfrente, que sí me pongo feliz por algo lindo, todavía puedo cerrar los ojos y verte  a vos, sonriendo por mí. Siempre fue así. Siempre va a ser así.

Es mentira  que la presencia es física cuando un amor es tan enorme como el nuestro.
Pueedo sentirte cerca, por qué lo estás, la muerte no existe, sólo si te dejaría morir en mí alma,  y eso no va a pasar nunca. Sos mí alma. Siempre.

 Papi, fuiste y sos el papá más increíble y hermoso de este mundo y tuve la suerte de decírtelo todos los días de mí vida.

 Te amo eternamente.

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